Memoria y Nuevas Generaciones

Propuestas en materia de Memoria y Nuevas Generaciones

En el siglo XX, con un marco legislativo donde la noción de derechos humanos se impuso moralmente después de la Segunda Guerra Mundial, los procesos transicionales de justicia después de episodios de violencia de Estado han dado pie a lo que muchos llaman (tal vez inexactamente) políticas de memoria. La idea de memoria tiene diversas connotaciones, pero su significado más potente es la resistencia a la amnistía post conflictos sociales. En ese sentido, la memoria tiene un uso político, que es la persistencia del anhelo de justicia de parte de comunidades o grupos que han sentido vulnerados sus derechos de manera violenta por el poder del Estado. La memoria, como el recuerdo, no se trata solo de procesos sino fundamentalmente de acciones (Lambeck, 2005).

Pese a que diversas iniciativas de memoria en el siglo XX han consistido en la monumentalización y conmemoración de ciertos eventos, episodios y experiencias que son colectivas, estas han sido muchas veces llevadas a cabo de manera privada por miembros de la sociedad civil. Sin embargo, tales iniciativas han tendido a exigir de los Estados ciertas garantías, en la medida que la mayoría de los procesos de memorialización tienen alguna relación con la declaración universal de derechos humanos. Por tanto, es el Estado quien impulsa las políticas de la memoria. Lo que la experiencia internacional ha demostrado, es que estas políticas, para que sean efectivas, deben ser multidimensionales. Primero: no hay política de memoria sin ejercicio de la justicia.  Segundo, no hay política de memoria sin proyectos de incidencia cultural. La educación en los colegios, por tanto, parece siempre el espacio central para generar capacidades empáticas y de reflexión crítica en las nuevas generaciones.

  • El caso de Chile

Como hemos planteado, denominamos políticas de la memoria a aquellos lineamientos de Estado que  responden a la demanda de ciertas comunidades o grupos de personas por no olvidar, cuya resistencia es la memoria, y su agencia, la justicia. Es una demanda por el ejercicio pleno de la ciudadanía, finalmente. En Chile, las demandas emblemáticas por políticas de memoria han sido las que están vinculadas a la violación de derechos humanos cometida por el Estado bajo la dictadura militar. Pero estas no han sido las únicas reivindicaciones de memoria. La reivindicación mapuche es anterior, así como lo fueron la de las víctimas de la matanza de la Escuela de Santa María de Iquique.

Actualmente, existen dos iniciativas que son centrales para las denominadas  políticas de la memoria en Chile: la creación recientemente aprobada de un Instituto de Derechos Humanos  (IDDHH) y una Agenda de Derechos Humanos para el Bicentenario, promovida por Amnistía Internacional Chile. El primero, se trata de una iniciativa que después de años de polémica y desencuentro entre las partes, fue aprobada en el Congreso. El instituto será una corporación autónoma de derecho público que tendrá entre sus misiones: la elaboración de un informe anual sobre la situación nacional en materia de derechos humanos, el planteamiento de  recomendaciones y medidas para la protección y la promoción de los derechos humanos, y la promoción de leyes, reglamentos y prácticas nacionales que armonicen con los tratados internacionales ratificados por Chile.

La segunda, se trata de un programa en cuya elaboración participaron decenas de organizaciones comprometidas por la defensa y promoción de DDHH en los más diversos ámbitos. Es en esta participación donde radica una de sus mayores fortalezas. Entre sus medidas destacan la necesidad de que Chile ratifique una serie de acuerdos internacionales que apuntan hacia un mayor sentido de justicia y equidad, así como la vigencia de la noción de derecho en ámbitos tales como la discriminación, la vulnerabilidad social y los derechos económicos, sociales y culturales.

Respecto al Instituto, numerosas organizaciones de DDHH han señalado estar a la espera de las modificaciones que el Poder Ejecutivo se comprometió a realizar al proyecto aprobado.  Estas apuntan a  la necesidad de que el IDDHH  cuente con la debida autonomía del Estado y del aparato legislativo, como  condición de su debido funcionamiento y credibilidad. Tal como está el proyecto hoy en día, eso no ocurre. La conformación de su directorio no garantiza la requerida autonomía.  A su vez, se ha señalado la necesidad de que el Instituto tenga la atribución de presentar querellas por delitos de genocidio, lesa humanidad y guerra. Del ejercicio jurídico y autonomía depende su capacidad de ser efectivamente un ente competente en materia de DDHH.

Ambos proyectos consideran en sus programas  la dimensión jurídica y la dimensión educativa, que aquí hemos planteado como fundamental. Ambos, tanto el IDDHH y la Agenda  mencionan la educación y la necesidad de fortalecer los contenidos curriculares en torno a la lectura de la historia contemporánea de Chile. La educación en derechos humanos, educación cívica y una mayor sensibilidad con la visión política de la historia es fundamental para  desarrollar en los estudiantes una capacidad reflexiva y crítica ante la historia y el presente.  De alguna manera, a eso se refería Hannah Arendt cuando escribió sobre la banalidad del mal, cuestionando si la radicalidad del mal no era otra cosa que la tendencia humana a obedecer órdenes sin atreverse a pensar.

Por último, es necesario volver a enfatizar que  es fundamental que se genere una cultura de DDHH pero no solo centrada en la violación de Estado de 1973, sino en la historia del país de ayer y de hoy, donde no puede quedar fuera la relación entre el Estado chileno y el pueblo mapuche, así como la necesidad de seguir avanzando en materia de justicia social y equidad. En este contexto, hay muchas preguntas que debemos realizar, ¿por qué Chile no ha ratificado una serie de tratados internacionales en materia de DDHH?

Hasta el día de hoy, se han llevado a cabo numerosas iniciativas de memorialización: se han construido memoriales y se están construyendo casas de la memoria, ambos gestos simbólicos de reparación de la violencia de Estado durante la dictadura de Pinochet. Sin embargo, si ellas no permean al resto de la sociedad,  y se traducen en el incremento de las libertades, participación e igualdad de condiciones en otros ámbitos,  están condenadas a museificarse. Esa distancia crítica no puede estar referida solo a la crisis social de los 70. Tiene que estar dirigida al Chile de hoy.

  • Propuestas especificas.

i)        La efectividad de las llamadas políticas de memoria están relacionadas con dos elementos: justicia y educación.

ii)      Las políticas de memoria no deben estar referidas solo a la violación de DDHH  durante la dictadura militar, sino que a otras reivindicaciones por el ejercicio de derecho. Un caso emblemático es el conflicto mapuche.

iii)     Garantizar el efectivo funcionamiento y autonomía del IDDHH, a través de la modificación de la conformación del directorio y la capacidad de ser parte en procesos de justicia.

iv)    Incorporación de la Agenda para el Bicentenario como parte del programa de acción del IDDHH.

Respuestas

  1. La Memoria tambien es ideologica y esta pugna artifial/real respecto de la importancia ¨relativa¨ del tratamiento de el tema DDHH que se ha dado desde el 89 no está libre de aquello. El tratamiento mediatico del Holocasuto Judio no es patrimonio de los Judios exclusivamente, es parte oficial y no oficial del sentir de miles de millones de Europeos que corrieron mejor suerte. En Chile, por el contrario y desafortunadamente, parcelamos las verdades con estigmatizaciones que , en vez de aportar a la comprensión de esta triste historia e interpretación comun de la misma, replican las miradas provincianas de eternas verdades a medias, idelogicas, religiosas, como si estas fueran realmente a defender alguna verdad trascendente. La Izquierda no ha hecho bien el trabajo, en este aspecto , y de la derecha, en este plano, nada se puede esperar. La pregunta que me surge es si es esperable una respuesta muy distinta a la que recibiste entre esos jovenes ABC1, si los que más sufrieron las vejaciones y aquellos que los contuvimos no hemos sido capaces de mejorar y re educarnos respecto de nuestra forma de transmitir ¨dicha¨ memoria .

  2. Me parece muy interesante la reflexion, en el sentido de que es muy importante reconocer y asumir que la responsabilidad de construir los minimos eticos basicos a cualquier sistema democractico -como es el respeto irrestricto de los derechos humanos- es una responsabilidad de todos nosotros. Claramente, si los adultos no nos hacemos cargo de esta memoria, de los sentidos con los que interpretamos los hechos traumaticos del pasado, dificilmente podremos construir una sociedad en la que los jovenes se eduquen y crezcan con patrones culturales distintos a los nuestros. Es grave, en este sentido, la cultura del empate reinante hoy en Chile. Pero no se sin embargo, como se hace ese trabajo de memoria, si el miedo al conflicto es una constante transversal que atraviesa nuestra sociedad. Con que codigos podemos conversar sobre un pasado que es interpretado en terminos eticos de maneras tan disimiles y antagonicos? Tenemos que encontrar esta formula, de nosotros depende que el relativismo extremo que se refleja en la historia que nos cuenta Daniela sea la interpretacion de consenso sobre la que seguiremos construyendo nuestros futuros proyectos sociales.

  3. La memoria no es una fotografía de cumpleaños sobre la cual todos los espectadores deben tener el consenso de lo buena o mala que estuvo la fiesta. La memoria es arena de confrontación, así lo ha sido siempre y así lo seguirá siendo.
    Resulta ingenuo (academicamente) y sospechoso (politicamente) plantear que la memoria de las heridas de la violencia de Estado y de Clase (nótese que no lo decimos nosotros sino lo dicen esos 8 o 10 jovenes ABC1) se zurcen a partir del acuerdo conciliatorio entre victimas y victimarios. Tambien es peligroso reducir y encapsular el problema de la memoria a la sola violencia de Estado entre 1973 y 1990. Esto invisibiliza la violencia de Estado entre 1818 y 1973, incluso la existente antes en contra de los pueblos originarios, uno de los cuales sigue azotado por tal violencia y soportando en cada acto discriminatorio su memoria exiliada a los retazos del folclore y lo pintoresco.
    La memoria más que un lamento sobre el cual halla que firmar un pacto de paz social, es un recurso que poseen los pueblos para orientar desde el presente su futuro. Un presente en pugna sobre el pasado que se remonta al origen de la Nación y le Estado,
    La memoria no es solo memoria de la victimización, de la sola monumentalización y de la mezquina estética histórica. La memoria es también la recuperación de proyectos de civilidad y de tránsitos de trasnformación histórica. De movilización, política y masas. De solidaridad y capacidad de planificar y luchar otro Chile.
    La memoria es la ampolleta en la pieza oscura, aquella que permite iluminar y permite saber donde esta cada cosa en la habitación, nos permite hacernos la visión del orden de las cosas.
    También es una caja negra, aquella que nos indica las causas y los momentos que antecedieron al accidente, para indicarnos por donde quedamos y como comenzar de nuevo.
    Por ende, la memoria no es ni debe ser una política pública, es un ejercicio ciudadano. No es un museo ni una exhibición de galería.
    La memoria es la subjetividad acumulada de un pueblo, y las versiones de ella dependen de la posición social y económica en la que uno se encuentre.
    Solicitamos por favor no reducir la memoria nacional a tan solo 30 años del siglo XX.
    Pedimos no adjudicarla como una tarea de Estado y no encapsularla en la victimización de aquellos que fueron asesinados, detenidos, torturados por querer terminar con un tipo especifico de democracia y proyecto nacional. Precisamente por querer destruir aquello fueron castigados.
    Bajo esta circunstancias el “nunca más” se torna sospechoso, en el sentido de que no se sabe si es una indicación para los violadores de derechos humanos o para los luchadores y los pobres de la patria, para que nunca más se alcen porque algo les puede pasar.
    Basta de las propuesta de memoria “politicamente correctas”
    Respetuosamente y con la memoria intacta.
    Polo Izquierdo de la Memoria

  4. La memoria no puede ser objeto de fragmentación e interpretación sectorial, tal como hoy ocurre en Chile.

    Si vamos a ordenar el tema, tenemos la obligación de poder tomar todas las “verdades”, fundirlas u ofrecerlas todas, para que las nuevas generaciones tengan información con la cual puedan construir sus propias ideas.

    Tratar de imponer memoria e ideas parcializadas al respecto, constituye un contrabando de enorme magnitud. Sólo puede tener como destino (espero que no como objetivo) generar división y odio antes que pavimentar caminos de encuentro.

    El nuevo Museo de la Memoria es una gran idea y cuenta con toda mi admiración… espero que algún día pueda ser de todos.


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