Cultura

Propuestas para el lugar de la cultura

En el texto anterior se identificaron una serie de problemas o tensiones respecto del desarrollo cultural o la cultura en general en Chile. Las principales de ellas son las siguientes:

i)        En Chile existe una concepción limitada y excluyente de la cultura que no se ha querido discutir y que ha impedido el ingreso y desarrollo de nuevos actores culturales.

ii)      Existe aún una falta de compromiso por parte del mundo privado, los medios y en menor grado las instituciones para con la cultura, debido no solo a trabas legales sino también a una baja consideración del papel que “lo cultural” representa en la sociedad. Esto mantiene su desarrollo en un constante estado de precariedad y dependencia.

iii)     La presencia cultural chilena es escasa y poco relevante en el contexto global.

iv)    Existen pocos resguardos para el desarrollo cultural local frente a la presión de las industrias culturales externas.

Este diagnóstico fue realizado hace unos cuatro meses, en un momento en el que aún los candidatos presidenciales no se pronunciaban acerca de sus propuestas para la cultura. Sin embargo, la situación no cambió mucho cuando lo hicieron, a pesar de que se oyeron algunas propuestas que podrían tener alguna relevancia como el aprovechamiento de la televisión digital, un mayor acceso y una difusión más potente. Otras en cambio fueron duramente criticadas, como la de decidir el financiamiento del arte según encuestas.

El tema de la reducción del IVA para los libros y algunas actividades culturales también volvió a aparecer, pero nuevamente no hubo respuestas y uno de los candidatos se limitó a decir que había muchas teorías al respecto, pero que podía llevar a muchas “triquiñuelas”.

Este vacío o silencio deja un espacio para hacer algunas propuestas.

i) En primer lugar, un cambio de actitud pasa por modificar el valor que le asignamos a la cultura. Es fundamental que el Estado y toda la sociedad asuman que no se trata de un privilegio sino una necesidad y un derecho.

Muchas veces la cultura es vista como un fin en sí mismo, algo artístico, que no necesita de la realidad y que solo es practicado por élites. Se ignora su función instrumental, es decir, su papel social, político e incluso económico. No legislar, por ejemplo, sobre el impuesto a los libros y las actividades culturales porque puede provocar triquiñuelas, condena a la cultura tanto al aislamiento, como a un desarrollo excluyente.

Un Estado moderno debiera contar con suficientes herramientas para controlar la evasión fiscal, pero eso no puede contradecirse con una justa y acertada estrategia para beneficiar el desarrollo cultural. En otras palabras, es preciso que el Estado no solo confíe sino también comprenda que el desarrollo cultural es uno de los principales recursos que un país puede tener. Esto ya lo comprendieron hace tiempo otros países al colocar la cultura en un lugar central para el desarrollo social y también para su posicionamiento a nivel global.

ii) En segundo lugar, hay que avanzar hacia una concepción de desarrollo cultural en donde el eje sea el acceso universal y el fomento. Esto quiere decir, que no se puede seguir pensando en términos de aumento de la oferta cultural sino de la producción y actividad cultural. En otras palabras, no se trata de inyectar más fondos para que aumente la oferta de obras o actividades acabadas sino propiciar la generación de nuevos actores y el desarrollo de proyectos culturales. Solo de este modo estaríamos verdaderamente hablando de un acceso universal a la cultura. Hay que entregar a la comunidad el derecho a generar cultura. Sería beneficioso para todos que vastos grupos pudieran contar con financiamientos para proyectos culturales que tengan también un impacto social; la generación de cultura no puede seguir siendo medida bajo categorías elitistas u oficiales; debemos integrar nuevas formas de concebir a los actores culturales. Para que esto se produzca, los fondos de financiamiento deben reformularse y privilegiar aquellas formas de desarrollo cultural que involucren a las comunidades, la educación y la difusión, compensando a las actuales áreas de financiamiento con acceso a inversiones privadas, exenciones tributarias y, en el caso de producciones más costosas como el cine, creando un fondo de inversión estatal.

iii) Asimismo, es necesario facilitar a las regiones la posibilidad de hacer cultura en igualdad de condiciones con la región metropolitana. No es posible que la cultura siga creciendo, allí donde se encuentra el gobierno central; esto ha creado desigualdades alarmantes en términos de acceso y creación cultural y además, ha tendido a imponer una cultura alejada de la diversidad que nuestro país presenta.

iv) En términos de financiamiento, el Estado no puede seguir siendo el principal soporte para el desarrollo cultural, o al menos no en la manera en que lo está siendo. Esto no significa que se deshaga de su responsabilidad y entregue la cultura en manos de las encuestas o el rating. Por una parte, tiene que revisar sus objetivos, es decir, qué y hacia quiénes destinar los recursos. Por otra, tiene que asumir un rol más activo en crear acuerdos con el mundo privado y todos los actores sociales, por medio de instrumentos legales, como también delegando y compartiendo la responsabilidad en el desarrollo de la cultura. Esta sería una política cultural de largo plazo, aquella en donde el Estado se hace cargo de tender todos los puentes posibles para que todos los actores y en especial el mundo empresarial participen y apoyen la iniciativa.

v) Para esto no solo hay que modificar la ley de donaciones culturales y dar mayores beneficios tributarios a aquellas empresas que financien actividades culturales, sino también hay que permitir que éstas se vuelvan más activas y comprometidas; se trata de pasar de la imagen del beneficio a de la inversión en cultura. La figura de las fundaciones culturales, formadas por empresas o particulares a partir de beneficios tributarios ha tenido éxito en muchos países y ha permitido extender no solo la oferta cultural sino también la experimentación y la difusión, mejorando además la imagen-país. Sin embargo, debemos asegurar que estas instancias no se transformen en lugares de exclusión en los que primen consideraciones de tipo valórico o intereses de un determinado grupo a la hora de apoyar proyectos o actividades. Esto es lo que hasta ahora –no en todos los casos- se han tendido a dar a en Chile, en donde las empresas desconfían de la idea de crear un fondo común y, en vista de los pocos beneficios, prefieren seguir sus propios criterios.

En este sentido, hay que separar la producción cultural de los criterios, ya sea del Estado como de otros actores. Lo importante es la cultura en toda su amplitud, no un determinado tipo de cultura. El Estado no tiene un privilegio sobre la cultura, tampoco los privados. La figura de un fondo administrado por diversos actores podría en este sentido elevar el grado de imparcialidad, pero también es necesario insistir en un desarrollo cultural basado en la tolerancia, la innovación y con miras al beneficio social de todos.

vi) La cultura debe ser considerada como una actividad económica productiva que aunque no pueda compararse en términos de rentabilidad monetaria con otras, sí es rentable en términos sociales y nacionales. Una actividad cultural que genere recursos debe poder optar a beneficios tributarios según los fines que persigue y el grado de impacto social. Hay que superar el tabú de que la cultura sea rentable y entender que esa posible rentabilidad monetaria genera un retorno en términos sociales y como país que hoy en día está completamente probado y asumido en muchas partes.

vii) Por otra parte, es imprescindible proteger nuestra producción cultural local. Esto no significa obstruir la producción externa sino mejorar y multiplicar las instancias de difusión local y el fomento de una masa creativa y crítica. No se saca nada, por ejemplo, con financiar más producciones cinematográficas nacionales si en términos de audiencia, éstas no pueden competir con la oferta extranjera o no cuentan con otros espacios dónde ser difundida. Hay que buscar otras instancias especialmente a nivel educacional para que podamos acercarnos a ellas. La cultura debe formar parte de los programas educacionales a través del conocimiento y la formación de capacidades creativas y críticas. La televisión también debe jugar un rol importante, produciéndose alianzas entre los canales, las industrias culturales y los avisadores. En este sentido, la televisión digital es la instancia para profundizar el rol de los medios en la iniciativa cultural.

Finalmente y sintetizando lo dicho anteriormente, todas estas observaciones responden al hecho de que un país que se considere moderno, no puede sustentarse solo en el progreso económico, social o político, sino también en el cultural. La cultura atraviesa todas estas dimensiones y las enriquece. Un país moderno o desarrollado debe asegurar el derecho a la cultura y concebirla desde un amplio acuerdo, en el que se asuma que es una responsabilidad de todos y un signo de identidad; es necesario abrirse, explorar todas las opciones y perder los pudores para que ello ocurra.

Respuestas

  1. Soy actriz recien egresada, por el de trabajo de mi pareja tuve que trasladarme de Santiago a Santa Cruz VI región. Actualmente estoy desarrollando un proyecto financiado por el Consejo de la Cultura. Estoy de acuerdo con que los fondos han aumentado, de hecho gracias a ello puedo realizar un taller de teatro de manera óptima. Sin embargo veo con preocupación el deficit en Cultura y Artes aquí en Santa Cruz. Es dificil para un artista tomar la decisión de irse de los centros neurálgicos a nivel regional y vivir en pueblos pequeños, porque el trabajo es grande y sin recursos. Veo que en formación a nivel de talleres es escaso, tanto por falta de recursos como por falta de artistas que desarrollen tales iniciativas. Es por esto que los invito a ustedes como equipo a elaborar en su programa propuestas concretas de formación en regiones, y en especial en pueblos alejados de las grandes urbes como Santa Cruz, en donde el desarrollo cultural está ligado a un turbio empresario de la zona.

  2. La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Concepción (OSUC) hace una labor cultural en la región y el país hace mas de 50 años. Temporadas sinfónica anuales de excelencia, Opera, ballet , conciertos educacionales, temporadas de difusión , conciertos de cámara, difusión de la musica de compositores chilenos en todos sus programas, tributos especiales a grandes músicos nacionales (violeta parra, victor jara, patricio manns, luis advis) etc. Toda esta labor se realiza de manera casi heroica con aportes de la universidad de Concepción (al rededor de $600 millones anuales) y con un aporte estatal de…………$0 pesos….. si $0 pesos.Lo escandaloso es que las otras dos orquestas importantes de nuestro país , estacionadas en Santiago, reciben fondos permanentes desde el estado. la Sinfónica de Chile, dependiente de la U de Chile un presupuesto aprox de $1500 millones y la Filarmónica de Santiago, de la Municipalidad de Santiago, de $5000 millones. Los aportes que ha recibido la OSUC de parte del estado son el Premio Presidente de la República, en el gobierno de Lagos y mas reciente unos fondos concursable anules que la OSUC ha ganado dos años consecutivos ($200 millones anuales). La desmesura diferencia entre esta orquesta de provincia y las de la capital demuestra la condicion de “ciudadanos de segunda” en materia de acceso a la cultura que sufren las regiones, incluso regiones tan importante como la del Bio-bio. A eso se suma la carencia de un Teatro acorde a la medida de espectaculos que esta ofreciendo no solo la OSUC sino otras manifestaciones regionales o de espectaculos de categoría que vienen desde fuera. Debo hacer notar que el candidato de la alianza a prometido levantar a flote el Proyecto Teatro Pencopolitano, un elefante blanco basado en delirios de algunas personas influyentes en la zona. La única institución a mi parecer capaz de administrar y gestionar un teatro de gran evergadura es la Universidad de Concepción a traves de su Corporación Cultural, labor que a demostrado hacer con creces durante varios años. Espero Marco, repares semejante injusticia y le devuelvas la dignidad a todos los habitantes de regiones en lo que materia cultural se trata. Adiós. Raúl Muñoz M, Secretario Sindicato OSUC


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